Las etapas del desarrollo embriológico
Una vez fecundado el óvulo y convertido en huevo, inicia su viaje desde la trompa de Falopio hasta el lugar donde residirá nueve meses: el interior del útero o matriz.
Este viaje dura aproximadamente una semana. Al mismo tiempo que se desplaza, el óvulo se transforma: el huevo se escinde primero se escinde en dos células, cada una de ellas se subdivide en otras dos, y así sucesivamente, hasta que el huevo humano se convierte en un agregado de pequeñas células resultantes de las sucesivas divisiones.
Cuando llega a la cavidad uterina, el huevo penetrará profundamente en la mucosa uterina, estableciéndose una corriente sanguínea entre la madre y el huevo a través de la superficie externa (corión) del mismo, que se convertirá en la placenta.
Este proceso, aunque imperceptible para la mujer, dado que no hay signo externo alguno de embarazo (ni siquiera hay retraso menstrual apreciable), consigue alterar el equilibrio hormonal de la mujer: grandes cantidades de gonadotropina coriónica (HCG) invaden el organismo materno.
Mientras tanto, entre las dos cavidades de la blástula se forma el llamado “disco embrionario”, constituido por tres capas de células (hojas blastodérmicas), de las cuales derivaran todos los tejidos del niño:
- Del ectodermo se originará el tejido nervioso, la piel, el pelo y las uñas.
- Del mesodermo, el esqueleto, la musculatura, los aparatos renal y circulatorio
- Del endodermo, el aparato digestivo y sus anexos: hígado, páncreas, bazo.. etc.
Alrededor del día 18, el disco cambia de forma y de circular se transforma en oval. De un extremo a otro se forma un canal, a cada lado del cual aparecen sucesivamente pequeñas protuberancias hasta llegar a contarse 41. Del canal, que progresivamente se convertirá en un tubo por acercamiento de sus bordes, derivará todo el sistema nervioso y, de las protuberancias, las vértebras y costillas.
En la cuarta semana el embrión ya es visible sin ayuda de microscopio. Mide más de 2 mm. y está perfectamente individualizado dentro de la cavidad amniótica que lo rodea por completo, a excepción del lugar ocupado por el puente que lo une a la placenta. Este puente o cordón umbilical se origina a partir del saco vitelino, cuya parte más cercana al embrión pasará a formar parte del mismo (intestino primitivo), mientas que la parte más distante dará lugar a la vesícula umbilical que se adhiere a la zona placentaria. Durante esta semana, en una de sus extremidades se forma una dilatación que no es otra cosa que la futura cabeza, en cuyo interior se adivina un cerebro primitivo. En el otro extremo crece un apéndice en forma de cola. Cerca del término del primer mes, en lo que podríamos denominar “vientre” del embrión se adivinan dos nuevos elementos: en la parte alta un corazón primitivo, que late espasmódicamente, y que se ha formado gracias a la fusión de dos grandes vasos sanguíneos. En la situación más inferior se adivina el intestino primitivo que dará lugar a todo el aparato digestivo.
Al llegar a la quinta semana, el embrión tiene una longitud de 6 mm., pero a partir de ahora el nuevo ser crece muy rápidamente y aumenta una longitud igual en un sola semana.
Su aspecto es el de un renacuajo, debido a que el crecimiento está más acelerado en los tejidos del dorso que en los ventrales, donde se implanta el cordón umbilical. Aparecen esbozados los brazos y la cabeza aparece flexionada sobre el vientre. En este momento todavía no se aprecia ningún rasgo facial.
En el curso de la sexta semana, se distingue en la cabeza el esbozo de lo que serán los ojos, los oídos y las fosas olfatorias. La primitiva hendidura bucal se tabica en dos para constituir la boca y las fosas nasales quedarán separadas entre sí gracias al tabique nasal. El cerebro aumenta sus dimensiones, exagerando aún más la diferencia de tamaño entre la cabeza y el resto del cuerpo. El corazón embrionario bombea con fuerza la sangre no sólo la correspondiente al pequeño territorio circulatorio del embrión, sino también la correspondiente a la complicada vascularización placentaria
Al inicio de la séptima semana, el embrión mide ya 25 mm. Al finalizar la misma habrá ganado otros 5-6 mm. y ya no será un embrión, sino un feto. En el curso de esta semana aparecen las manos y los pies en los que ya se adivinan unos pequeños radios que serán los dedos. Al final de la séptima semana se inicia la osificación del esqueleto que se prolongará hasta la edad adulta. Bastarán 15 días para que se conviertan en piezas esqueléticas, más de 100 elementos que hasta el momento eran tejidos blandos.
El hígado, órgano muy importante para la vida intrauterina, se desarrolla enormemente y forma la sangre del embrión. Esta sangre, como puede oxigenarse en los pulmones, va a la placenta, en donde adquiere oxígeno y deja anhídrido carbónico y otras sustancias de deshecho. La madre se encargará de purificar esta sangre proveniente de la placenta.
Sobre las ocho semanas, en embrión se desarrolla, yergue su cabeza y su tronco y muestra una cara cada vez más humana. Al final de esta semana pierde la cola, reducida a un simple apéndice filiforme. En este momento el embrión, envuelto por la vesícula amniótica, ha crecido tanto que prácticamente ocupa toda la cavidad uterina, fundiéndose de modo progresivo la llamada decidua o caduca refleja con la caduca verdadera.
