Las etapas del desarrollo fetal
A partir de las 8 semanas de la concepción, 10 semanas de gestación si se cuenta, como es usual, desde la última regla, al producto de la concepción ya no se le llama embrión, sino feto.
Al principio del tercer mes, se diferencias los órganos sexuales. Antes de este momento, si bien el sexo fetal está fijado desde el mismo momento de la concepción, no es posible a simple vista saber si el embrión es niño o niña ya que los órganos sexuales son aparentemente idénticos en ambos.
El cerebro del niño se recubre de huesos protectores, formándose el cráneo. No obstante, estos huesos no se sueldan entre sí, ya que el cerebro no ha adquirido aún su tamaño definitivo, y el cráneo debe ser flexible para poder pasar a través del canal del parto.
Se observan primero los párpados y después las cejas. Los ojos permanecen cerrados, gracias a que los párpados están fusionados entre sí. Sólo se abrirán al llegar al octavo mes, cuando los globos oculares estén perfectamente formados.
La piel del feto es muy rojiza, debido a que al ser muy fina deja transparentar los vasos sanguíneos.
Un vello que recibe el nombre de “lanugo” empieza a extenderse por todo el cuerpo, cubriéndolo casi por entero en el curso del quinto mes. Por estas mismas fechas aparece un unto sebáceo, llamado “vernix caseoso”, segregado por las glándulas sebáceas de la piel y que se mezcla con las células epidérmicas descamadas.
Este sebo protege la piel del niño, evitando que se arrugue o deteriore al estar en contacto permanente con el agua. Es por eso que, cuando nace, el niño tiene ese aspecto grasiento.
Durante esta etapa se forman las cuerdas vocales (que no se utilizarán, obviamente, hasta que nazca), el hígado y el riñón, aunque rudimentarios, empiezan a funcionar. Los dedos de los pies y manos exhiben unos endurecimientos que darán lugar a las uñas. El aparato digestivo es cada vez más largo y perfecto.
El niño se mueve, aunque sus movimientos no son detectados por la madre, pero sí por ecografía.
Al llegar al cuarto mes el feto parece menos desproporcionado. El aparato digestivo (hígado, estómago, intestino) y urinario (riñón, vejiga) empiezan a funcionar claramente. En el intestino se acumula una sustancia verde el “meconio”, formado principalmente por bilis. El feto vierte su orina en el líquido amniótico que lo rodea.
Los miembros superiores e inferiores adoptan su posición definitiva, dirigiéndose los codos hacia atrás y las rodillas hacia adelante.
Puesto que su musculatura se desarrolla rápidamente, a partir de los 4 meses es perfectamente posible que la madre perciba pequeños movimientos fetales. A los 4-5 meses ya es posible identificar las huellas digitales del niño.
Su sistema circulatorio es cada vez más perfecto, dado que las cavidades del corazón están perfectamente delimitadas y éste late con fuerza. Alrededor de la decimocuarta semana ya es posible detectarlo mediante un aparato basado en el efecto Doppler de los ultrasonidos: se comprueba entonces que la frecuencia de latidos es superior a la de los adultos: 120-160 latidos por minuto.
El sistema nervioso aún no es muy perfecto, pero a medida que pasa el tiempo aumenta la coordinación de los movimientos, inicio de una progresiva maduración nerviosa.
Al principio del segundo semestre brazos y piernas se mueven y agitan sin objeto alguno, pero en el transcurso del quinto mes, un día el feto logrará introducir su pulgar en la boca, iniciándose el paulatino aprendizaje de un acto reflejo, fundamental en su vida extrauterina: la succión.
Por otra parte, el feto se adapta a los movimientos de la madre. Si ésta descansa, el feto aprovecha para moverse, pues entonces está sometido a menos presiones exteriores. Por el contrario, si la madre se mueve, el niño se encorva, se acurruca, plegándose sobre sí mismo para evitar ser lastimado.
En cuatro semanas, la talla del feto pasa de 10 a 18 cms., el peso de 45 a 225 grs. Si el crecimiento continuara a ese ritmo, nacería un gigante de 250 kgs!

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