Embarazada – ¿Será Niño o Niña?
En un hombre adulto, su par de cromosomas sexuales tienen la combinación XY. En la mujer adulta tienen la combinación XX.
Ya hemos visto que tanto el espermatozoide como el óvulo solamente tienen uno de los dos cromosomas, que en el momento de la fecundación darán lugar a dos posibilidades de formar un par: el X o Y del hombre formará par con el X o X de la mujer, dando lugar al par XY (en cuyo caso el nuevo ser será varón) o al par XX (en cuyo caso será hembra).
Por lo tanto, el responsable de del sexo del feto será el hombre, dado que es quien posee dos tipos de cromosomas: el X – Y. Sin embargo, el varón no puede hacer nada conscientemente para engendrar niños o niñas a voluntad.
Desde tiempo inmemorial se ha intentado el diagnóstico del sexo fetal antes del nacimiento. En la época en que imperaba lo sobrenatural se buscó aquel dato en la interpretación profética que ofrecían la Astrología, la Numerología, los sueños, la oscilación de un péndulo, el examen de las entrañas de animales, así como de la forma del vientre, de la época lunar de concepción, de la frecuencia cardíaca fetal, etc. todo lo cual no tiene absolutamente ninguna base científica.
En el momento actual, si bien puede intentarse este diagnóstico mediante procedimientos diversos como la amniografía y la ecografía con escala de grises y la fetoscopia, hay un procedimiento diagnóstico mucho más exacto y menos complicado que es la amniocentesis; esto es, la extracción de una muestra de líquido amniótico por punción del vientre de la madre. Este líquido contiene células descamadas de la piel del feto. Y es sabido que las células de un organismo femenino no son iguales que las de un organismo masculino. Las primeras son portadoras en su núcleo de un corpúsculo cromatínico denominado “corupúsculo de Barr”. La observación del mismo en las células del líquido amniótico certifica que se trata de una niña y su ausencia que el feto es un niño.
La amniocentesis, si bien no arrastra en el momento actual excesivos peligros, no es una técnica totalmente inocua, razón por la cual no es lícito practicarla con el sólo interés de desvelar el sexo fetal. En la práctica, sólo se busca la determinación prenatal del sexo en caso de sospecha de una enfermedad fetal ligada al mismo. Tal es el caso de la hemofilia y la distrofia muscular de Duchennne. En este caso, puede practicarse la prueba a las 12 semanas de gestación. En algunos países, si se llega a la conclusión de que se trata de un niño que puede estar afectado por una de estas enfermedades congénitas, se practica lo que se denomina un aborto terapéutico.
La gente se pregunta a veces si es posible hacer algo para tener niños o niñas a voluntad. En realidad, si bien este problema no está resuelto del todo, existe un hecho que puede facilitar la consecución de este deseo de la pareja. Es bien sabido que los espermatozoides portadores de un cromosoma Y son más rápidos que los que contienen un X, que tardan mucho más en recorrer el espacio que media desde la vagina femenina hasta el lugar de encuentro con el óvulo.
Así pues, si el coito tiene lugar poco después de la ovulación, lo más probable es que origine un niño ya que los espermatozoides que llegarán primero serán los Y. Por el contrario, si el coito se realiza antes de la ovulación, lo lógico es que resulte un embarazo de niña. Los espermatozoides Y llegarán antes al lugar donde esperan encontrar el óvulo, pero como éste aún no está, se agotarán en su búsqueda pereciendo poco después. Por el contrario, la segunda oleada de espermatozoides, formada casi exclusivamente por elementos con cromosoma X llegarán a la trompa, dado su retraso, en el momento justo de la ovulación. Uno de ellos fecundará el óvulo recién llegado originándose una niña.
Hoy en día, es posible escoger el sexo de un embrión recurriendo a las técnicas de reproducción avanzadas, mediante la selección de una muestra de esperma del padre y fertilizar así el óvulo con un espermatozoide “femenino” o bien “masculino”. Si bien, en la mayoría de países esta práctica no es legal ni está permitida.
En la actualidad, si bien nacen 106 niños por cada 100 niñas, existe en el mundo una proporción inversa: 106 mujeres por cada 100 hombres. La razón de esta aparente paradoja reside en que durante el primer año de vida mueren más niños que niñas, y en que las mujeres alcanzan edades más avanzadas que los hombres. Incluso la mayoría de los abortos naturales son de embriones o fetos masculinos.

