EL LOGOPEDA: Quién es y cuándo hay que consultarle
Los padres y demás personas que rodean al niño, a menudo se pueden sentir preocupados por la forma de hablar de este. Muchas veces se desconoce si lo que le pasa el niño es normal, si solo es un retraso en la aparición del lenguaje o si necesita de un logopeda para mejorar su comunicación.
¿Qué es un logopeda? ¿Qué dificultades trata? ¿Qué síntomas nos indican que un niño puede necesitar tratamiento logopédico? ¿Cómo podemos ayudarle a mejorar? Frecuentemente, los padres pueden llegar a hacerse este tipo de preguntas y necesitarán de información y ayuda para resolverlas.
La logopedia y el logopeda
La palabra logopedia proviene de la palabra logos, que significa palabra, y la palabra paideia, que significa educación.
El logopeda es el profesional que previene, diagnostica, pronostica y trata los problemas de la comunicación humana.
El logopeda interviene en los trastornos y retrasos del lenguaje, el habla, la voz, la deglución, la lecto-escritura y la comunicación en general, en población infantil y adulta.
A veces estas dificultades son síntomas secundarios asociados a otros déficits, síndromes, enfermedades, etc., como pueden ser la deficiencia auditiva, síndrome de Down, parálisis cerebral, autismo, TDAH (trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad), Parkinson, Alzheimer y esclerosis múltiple, entre otras.
La detección temprana de cualquier trastorno relacionado con la comunicación es esencial para iniciar un tratamiento logopédico lo más pronto posible. Cuanto antes se inicie la intervención, más pronto y con más facilidad se podrá solucionar el problema.
¿Cuándo hay que consultar a un logopeda?
Hay síntomas que hacen sospechar que un niño tiene dificultades que deberían ser evaluadas por un logopeda. Estos son algunos de ellos:
- Cuando no entendemos lo que dice el niño, o su forma de hablar parece la de un niño más pequeño.
- Cambia unos sonidos por otros, agrega o quita sonidos o solo repite la última parte de las palabras o frases.
- No habla, habla muy poco o utiliza gestos en lugar de palabras para comunicarse.
- No utiliza el lenguaje para expresar sus deseos, pedir cosas o cuando juega.
- Parece que no entiende las frases que le decimos o las órdenes que le damos.
- No reacciona ante sonidos o manifiesta que no oye bien.
- Tiene dificultad para organizar frases o pronunciar algún sonido.
- Habla muy deprisa, muy despacio o su manera de hablar no es fluida.
- Respira por la boca, babea, mantiene hábitos como chuparse el dedo o ha seguido usando el biberón y/o el chupete pasados los dos años de edad.
- Le cuesta leer y escribir correctamente o entender lo que lee.
- Muestra dificultad para mantener la atención en las tareas que realiza o se descentra con facilidad.
- Se queda “afónico” con frecuencia.

