La alimentación del bebé a partir de los 8 meses
A esta edad se puede empezar a darle los alimentos no triturados. Al principio puede resultarle extraño, pero generalmente, en poco tiempo irá acostumbrándose. A los niños que se muestren refractarios no hay que obligarles. Es mejor dejar que ellos mismos lo pidan y, para estimular su interés, es bueno que se sienten en la mesa cuando los padres y hermanos coman.
A los 8 meses, el niño se acostumbra a hacer 4 comidas al día. Ha asumido el horario de los adultos y durante la noche puede dormir 10 horas seguidas sin interrupción. Su aparato digestivo funciona bien y no hay inconveniente en ir ampliando su alimentación. Por otra parte, su desarrollo psíquico hará que desee imitar a otros niños y a los adultos. Hay que aprovechar ese deseo para habituarlo a otros nuevos alimentos.
Se puede empezar dándole pan con tomate a la merienda, a trocitos pequeños. Más adelante, arroz o pasta (macarrones, tallarines). Se pueden preparar hervidos y añadir queso rallado o salsa de tomate natural. También se le puede proporcionar puré de legumbres secas (garbanzos, lentejas…) en forma de puré, dado que el niño todavía no es capaz de destruir la piel fibrosa de estas legumbres. A la vez, se pueden introducir nuevos tipos de proteínas y grasas: tortilla a la francesa, hígado…
A partir de los 12-14 meses se habrá conseguido que su alimentación sea casi tan variada como la del adulto.
Leche de vaca
Puede ser utilizada sin problemas a partir de los 6-8 meses de edad. En estos casos conviene que sea rebajada con agua para corregir su composición. Una norma práctica y fácil de recordar es la de añadir 4 cucharadas soperas de agua a la cantidad de leche que tome el niño. También hay que recordar que la leche de vaca tiene que hervirse previamente durante un mínimo de 5 minutos. Incluso, es preferible hervir las leches embotelladas aunque estén pasteurizadas o esterilizadas.
Yogur
El yogur es simplemente leche tratada con fermentos lácticos. Tiene las mismas propiedades nutritivas de la leche de vaca. Puede ser muy útil como alimento bien tolerado después de diarreas agudas.
Suplementos de agua.
Antiguamente no se daba nunca agua a los niños. Incluso cuando tenían fiebre, la boca seca y mucha sed, solían abrigarlos excesivamente para hacerlos sudar y prohibían darles mucha agua. Por culpa de estas ideas muchos niños morían deshidratados.
Ante esta situación, los pediatras hicieron una campaña entre la gente que propugnaba darles mucha agua. Hoy en día, aún encontramos madres angustiadas y desesperadas si sus niños no quieren tomar el agua que les ofrecen, porque temen que se deshidraten.
Conviene poner las cosas en sus justos términos. En realidad, un niño bien alimentado, con leche de la madre o con leche en polvo bien preparada, recibe una proporción de agua que cubre perfectamente sus necesidades.
Solamente en ciertas circunstancias especiales, hay que insistir realmente en ofrecer un suplemento hídrico, como por ejemplo, en caso de enfermedad con fiebre, o ante vómitos o diarreas, y también cuando hace mucha calor y el niño suda mucho. En estos casos, se debe dar agua hervida previamente con un poco de azúcar a cucharaditas o en biberón. Si el niño tiene sed… no habrá que obligarle.

